En todos los países industrializados los trabajadores buscaron una manera de organizarse para defender su oficio. Los sindicatos, a menudo también tenían la función de ayudar a sus afiliados cuando pasaban momentos de penuria o en caso de accidente. La mayoría de los gobiernos veían una amenaza en la asociación incontrolada de los trabajadores, sobre todo con el surgimiento del socialismo como ideología y fuerza política.
El sentido corporativo de la fuerza trabajadora tuvo formas muy variadas de expresión. La situación dentro de la cual se encontraban los trabajadores domésticos no hacia fácil combinación alguna, en la primera mitad del siglo XVIII existió un fuerte movimiento a favor de los clubes, estos tomaron un disfraz y disimularon sus verdaderos propósitos bajo títulos que implicaban amistosas actividades, se encontraban más cerca del gremio antiguo que del moderno sindicato.
Las actividades unionistas procuraban por entonces controlar los ingresos de nuevos industriales, suprimir trabajadores "falsos" y apelar ante la autoridad a fin de que se aplicasen las leyes dictadas por la reina Isabel sobre salarios.
Con el transcurso del tiempo los trabajadores ya organizados, empezaron a hablar en tono más alto y a partir de 1.760 las regiones carboníferas, los puestos y los poblados textiles fueron testigos frecuentemente de escenas violentas.
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